jueves, 5 de septiembre de 2013

¡FAMOSO ESCRITOR LANZA SUS ÚLTIMAS PALABRAS: “DECILE NENA LA ENFERMERA QUE MASFAASA”!

Durante casi siete años he tenido el privilegio de ser interlocutora de P. en las diversas charlas (prontas a ser recopiladas en mi libro P: Una vida de Entrevistas), charlas que, confieso, no siempre se desarrollaban en el clima más pacífico; pero seguramente no hubiera podido ser de otro modo habida cuenta la movilizdora, polémica y a veces irritante personalidad del Maestro. Y cuando digo “irritante” me refiero a esa capacidad que tienen para irritar los espíritus muy lúcidos o las personas muy irritantes; sabrá seguramente el lector habitual de P. a cuál de las dos vertientes pertenece el Maestro.

Debido a esta relación tan personal que entablamos, a veces violenta, otras dañina, de vez en cuando enfermiza, psicopática e incluso policial (¡pero nunca tibia e indiferente!) es tal vez que no me sorprendió que el Maestro requiriera mi presencia en sus últimos momentos. No fue fácil para mí decidirme a acercarme a la Clínica del Gremio Politécnico, donde permanecía luego de la sexta extirpación de su maltratado hígado -el cual, para perplejidad del cuerpo médico ha vuelto a crecer una y otra vez, aunque cada vez en peor estado que el anterior-, con pronósticos bastante pesimistas.

No es grato acompañar en su lecho de muerte a un ser que se quiere, se respeta o cuando menos no se le desea ningún mal; menos aún en este caso. Pero en honor a la relación que nos unió, y teniendo en cuenta la sabia sugerencia que me hiciera Editorial Galaxia sobre incluir esta última entrevista en P: Una Vida de Entrevistas me acerqué a la habitación 13 13 de la Clínica, donde mantuvimos la charla que leerán a continuación.

Ante todo, Maestro, tengo que decirle que es un verdadero honor que haya solicitado mi presencia en este momento tan particular.
P: Y cómo iba a dejar afuera de un momento tan trascendente como éste a quien fuera mi biógrafa más constante, querida. En cuanto los médicos me explicaron la comprometida situación en que me encuentro le pedí a Mecha: “Llamala a Vivi y armemos una charla”.

No me llamo Vivi, Maestro.
P: Bueno. Tampoco agrega mucho que me aprenda tu nombre ahora, ¿no? (Hace una mezcla de risa y tos) Pero como le decía hoy a Mecha: “Vivi por lo menos siempre transcribió bien lo que decía”. Y pensaba en lo importante que es que el titular de mi último reportaje sea elegido por una buena transcriptora, ya que no una par o una periodista.

Soy periodista, Maestro.
P: (Tose, o se ríe, no estoy segura) Bueno, sí. Pero transcribís bien, ¿no?

Sí, Maestro, aparte tengo un grabador.
P: Bueno. Yo digo porque en cualquier momento, quién te dice digo alguna frase digna de un titular.

Seguramente, Maestro.
P: Puede venir en cualquier momento, viste que no hay que forzar la inspiración. Tiene que ser espontáneo. ¡Tampoco lo voy a tener preparado de antemano!

No, Maestro, estoy segura de que no.
P: ¡Como escritor, solo espero un final abierto para la Novela de mi Vida!

¿Qué?
P: ¡Ah! Ahí tenés el titular de la nota. Me Salió así, completamente espontáneo. Me parece que es un buen resumen de la charla.

Disculpe, Maestro, justo no presté atención, me quedé pensando en eso de la inspiración y los titulares…
P: Bueno, pero lo tenés grabado, ¿no?

No, no, todavía no prendí el coso.
P: ¿Querés que te repita la frase?

No, Maestro, preferiría que no. Me parece que tiene que ser espontánea.
P: Claro, claro, es lo que yo decía. En fin. (Tose)

Cuénteme, Maestro, ¿cómo se prepara para enfrentar este momento tan Trascendental?
P: ¡Ah! Bueno, en los momentos que los torturadores que manejan esta Clínica no vienen a sacarme sangre o hacerme análisis, reflexiono. Pienso mucho. Pienso si aproveché bien el pasado, si debí hacer algo más para que mi vida haya tenido sustancia. (Se incorpora bruscamente y habla mirando fijo el grabador) ¡En el Desenlace de mi Vida, espero que haya tenido un buen Nudo! Uy, sin darme cuenta creo que te acabo de dar un buen título para la nota.

Perdón, Maestro, justo estaba respondiendo un mensaje de texto. ¿Qué decía?
P: Nada. ¿Ya prendiste el grabador?

Me parece que no tiene pila. No importa, lo hacemos a lo gaucho, Maestro.
P: ¿Te repito la…?

Mejor no.
P: No, claro.

Dígame, Maestro, ¿alguna vez fantaseó de joven con el momento posterior a su muerte? ¿En los homenajes, las charlas, los epitafios? ¿O cree, como su colega Ricardo Barboza, que son una “prolongación de la masturbación literaria en la que viven inmersos los escritores”?
P: Eso lo dijo de resentido, porque cuando se murió no lo homenajeó casi nadie.

Creo que lo dijo antes de morirse, Maestro.
P: Yo no estaría tan seguro. Pero en todo caso, no está de más homenajear y recordar para toda la Eternidad a la maravillosa gente que nos ha dado cosas tan bellas como un Cervantes, como un Borges, un Hemingway… No está nada mal, nada mal, hay que mantener viva la Cultura, yo creo que está bien. Está muy bien y es así y hay que hacerlos y si no es una falta de respeto y ojalá que ni se les ocurra justo justo ahora empezar a cambiar las reglas del juego porque ya he dejado instrucciones a mis abogados para iniciar medidas contra las principales publicaciones culturales si no cumplen con las tradiciones del caso. (Vuelve a hablarle al grabador) ¡Solo espero que las Obras Completas de mi Vida tengan una Segunda Edición! Epa, ese es un buen título, ¿no?

Uy, Maestro, ¿por qué le habla al grabador si no tiene pilas? Aparte me hizo desconcentrar, mientras hablaba me quedé pensando “¿Por qué el Maestro le habla al grabador?”
P: (Respira medio agitado) Claro, claro, entiendo. En fin, en fin, no, si yo entiendo.

¿Y en estos días, ha tenido fuerzas para dejarnos una última obra?
P: Creo que ante la cercanía de la Muerte, ponerme a escribir podría considerarse una frivolidad. ¡La Muerte es un Editor despiadado! Uy, ahí te tiré otro titular. Además, mis fuerzas me abandonan. ¡Un Cuerpo en Decadencia es un oficial de aduana ante el cual la Inspiración es un inmigrante Ilegal! ¡Ah! Me parece que sin querer, en forma totalmente espontánea y no deliberada te di un buen título. Y además, ¡he meditado a menudo sobre la muerte, y encuentro que es el menor de todos los males! Apa apa apa, ese titular es bueno, ¿no?

¡Ese lo escuché! ¡Muy bueno, Maestro!
P: Bueno, menos mal.

Me parece que la frase esa es de Bacon.
P: (Tose varias veces) Ajá.

Es justo la que escuché. Las otras que dijo antes no, porque estaba pensando en que me tenía que concentrar en escuchar bien lo que usted decía, a ver si me daba un buen titular para la nota. ¡Qué lástima!
P:

Lo veo muy cansado, Maestro, y no quisiera que esta charla acelere el proceso absolutamente irreversible y de algún modo liberador que está viviendo. Quiero decirle que ha sido un honor compartir tantas horas con usted, y que extrañaré sus palabras siempre profundas, siempre polémicas, siempre movilizadoras.
P: No te preocupes, querida, estos últimos meses tuve tiempo para subsanar esa desazón.

El Maestro, con sus últimas fuerzas, extrae de debajo de la cama una pila de unos cuarenta centímentros de alto y me lo obsequia, con ojos emocionados.

¿Qué es esto, Maestro?
P: Preparé unas respuestas a las hipotéticas entrevistas que me podrías realizar durante los próximos diez años, incluyendo novelas hipotéticas, posibles escandaletes, potenciales polémicas en el mundillo literario, etc. Para que te quedes menos sola. Para que tu vida no pierda sentido.

Gracias, Maestro.
P: Ya hablé con la gente de Editorial Galaxia para que suspendan la edición del libro de entrevistas así estas no quedan afuera. Capaz que las podés ir publicando de a una cada seis, siete meses, hasta que se terminen.

¿Ajá?
P: No sé, a ese ritmo en unos doce, quince añitos ahí podés armar el compilado. Va a quedar más jugoso. Y así es como que esta relación periodista-entrevistado puede segur perdurando en el tiempo. Venciendo de alguna manera a la Muerte. Es mi obsequio. De paso, así no te apurás en sacar tu primer libro, me parece que hay que darle tiempo al tiempo, yo todavía te veo un poco verde, (Tose) algunos párrafos que metés son medio reiterativos, medio bodrios, qué se yo. (Tose y medio que parece que se ríe) Mejor que empieces a publicar a los cincuenta, sesenta, que sacar un librito medioc… (Tose varias veces) Ahhh oh decile nena a la enfermera que masfaaasa.

Así me dejó el Maestro. Físicamente sola, aunque acompañada por su abrumador legado de palabras póstumas, en letra manuscrita y muuuy muuuy pequeña. Tan sola y superada por las emociones que, lamentablemente, he tardado más de cincuenta minutos en llamar al personal de la Clínica, lo que me ha valido la injusta acusación que en estos momentos sus herederos me imputan.

Nota del Editor: La Muerte del Maestro ha afectado a nuestra compañera en un modo más profundo del imaginable, aunque desde el Pabello para Homicidas Violentos del Moyano nos informan que ya hace un par de días ha dejado de gritar “¡Dejeme en paaaz! ¡Déjeme viviiiiir!” (una letanía con la que entendemos deseaba alejar al fantasma de la Pérdida), lo que significa una leve mejoría.

Las entrevistas al Maestro, gracias a su visión totalizadora, seguirán alimentando las páginas de este suplemento (hasta dentro de “unos doce, quince añitos”, según sus propias palabras), en cuanto nuestra compañera resuelva su situación legal y supere la pena que la embarga.